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Muere Cristián Cuturrufo: adiós al hombre imprescindible del jazz chileno

El músico había estado internado en la Clínica Las Condes frente a las complicaciones del coronavirus.

 

El músico fue hospitalizado hace días debido a un complicado cuadro de coronavirus que derivó en complicaciones que lo llevaron a ser internado en la Clínica Las Condes.

En días anteriores, se había informado que su estado de salud era grave y que, de hecho, se encontraba en riesgo vital.

El trompetista coquimbano, que fallece a los 48 años, realizó una carrera enfocada en el género del Jazz y publicó diez discos, el último de ellos el año 2019.

 

El músico nacido en Coquimbo fue clave para la expansión del jazz en Chile como un género diverso en lo estilístico y popular en su alcance. Y no sólo eso: su labor como gestor cultural, encabezando clubes y festivales, también contribuyó a sacar al estilo de sus etiquetas más estrechas. Un creador que partió aquejado del Covid-19, según confirman desde su entorno cercano a Culto.

Siempre inconfundible con su espesa barba y su trompeta, la historia de Cristián Cuturrufo (48) se inició en Coquimbo, la ciudad donde vino al mundo en 1972. Fue hijo de músico, aunque como suele ocurrir, eligió un instrumento distinto al de su progenitor, pues su padre fue el acordeonista Wilson Cuturrufo, quien encabezó una de las familias más tradicionales en el cancionero del puerto pirata.

Decidido a que la música era lo suyo, ingresó a la escuela de la Universidad Católica, donde tuvo una formación académica y técnica como trompetista docto. De hecho, entre 1991 y 1993 integró el Ensamble Gabrieli.

Pero lo suyo era lo más callejero, quizás algo más suelto y menos sometido a los formalismos. Él siempre se definió como un creador inquieto y voraz, sin muchos guiones establecidos. Por lo mismo, tras sus estudios capitalinos, y tras decidirse por un jazz menos purista, viajó a Cuba, la tierra donde los instrumentistas del género suelen maridar los ritmos sincopados con música latina, africana, funk, son y pizcas de rock. Ahí profundizó su vínculo con la música popular.

Esos años marcados por la travesía cubana fueron un punto de quiebre: Cuturrufo abría su apetito creativo hacia la diversidad estilística, lo que marcaría la escena jazz de los 90 y los 2000 en Chile, con otros ejemplos como Ángel Parra Trío o Los Titulares. Gracias a todos ellos, el jazz en el país nunca fue el mismo, adquiriendo además un estatus más popular que a momentos lo sacó de los círculos habituales de instrumentistas y especialistas.

Quizás la mejor definición de Cuturrufo la entrega el sitio Música Popular: “Él fue investido como el trompetista más rápido y ardiente desde que el jazz fuera dominado por Daniel Lencina en los ’70″.

“A mí me gusta la cumbia, el bolero, el chachachá”, dijo en una entrevista reciente con La Tercera. “Todos se juegan por ser jazzistas, yo digo preocúpense de ser buenos músicos para tocar de todo. Yo vengo de la música popular, y me formé en lo clásico en la Escuela de Música Jorge Peña Hen de La Serena. Tengo esa formación”.

Jazz recién salido del horno

Sus principales referentes en la trompeta fueron en sus inicios los estadounidenses Fats Navarro y Dizzy Gillespie, y el cubano Arturo Sandoval. Ya con una trayectoria más establecida, a partir de 1996 dirigió sucesivos proyectos por los que desfilaron gran parte de los jazzistas de los ’90: los saxofonistas Ignacio González, Jimmy Coll y David Pérez, los guitarristas Jorge Díaz, Daniel Lencina Jr y Federico Dannemann; los bajistas Felipe Chacón, Christian Gálvez y Cristián Monreal, y los bateristas Iván Lorenzo, Carlos Cortés y Andrés Celis, entre otros.

Su debut, Puro jazz (2000), obtuvo buenos comentarios de la crítica especializada, tras lo que se integró a dos agrupaciones: Los Titulares, el cuarteto que por esos días encabezaba Francisco Molina, exbaterista de Los Tres; y los grupos Vernáculo y Cutus-Clan, dirigidos por su hermano, el percusionista Rodrigo Cuturrufo.

Luego siguió extendiendo su ruta en solitario y su tránsito por géneros ya conocidos, como el latin jazz en un trabajo titulado precisamente como Latin jazz (2002), y el bebop en Recién salido del horno (2003).

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